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Origen de la YerbaMate Imprimir Correo
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Miércoles, 04 de Agosto de 2010 23:58

Breve reseña histórica

sapecado a mano de la yerbaEl origen del uso de la yerba mate, alimento básico de los indios guaraníes y conocida por éstos como CAÁ-MATE, de cuyos términos "caá" significa en idioma guaraní "planta o hierba", en tanto que "mate", se supone derivado de la palabra quichua "matí", con lo cual designaban a la calabacilla que usaban en general para beber, se pierde en lo remoto del  tiempo.

Pero es indudable, que de ellos, quienes sorbían el mate mediante bombillas hechas de diminutas cañas, o la mascaban durante sus largas marchas, aprendieron su uso los conquistadores españoles.

Atribuye Ruíz Díaz de Guzmán, en su historia escrita en el año 1612 a Hernando Arias de Saavedra, el descubrimiento del uso de las hojas de yerba mate en 1592.

Este habría encontrado en las "guayacas" (Pequeños sacos de cuero en las que el indio transportaba sus más preciados bienes.) de indios hostiles tomados prisioneros, envueltos en delgadas y suaves pieles, un polvo que resultó ser "caá".

Las virtudes que se le atribuyen, y a los que se refieren numerosos relatos de aquellos tiempos, hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico regular del producto, desde su zona de origen a todo el virreinato. Más tarde, los jesuitas radicados en el Paraguay a comienzos del siglo XVII, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción, introdujeron el cultivo en algunas de sus "reducciones" o "misiones" distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, parte de Corrientes y parte del Paraguay.

Con la expulsión de los jesuitas, ocurrida en 1769 sobrevino la decadencia de los mismos, la reducción de su población y el abandono de los yerbales cultivados por los mismos. No tan solo se perdieron éstos, sino que hasta la tradición de su cultivo.

Medio siglo después, el célebre médico y naturalista francés Aimé Goujaud, conocido como Bonpland, inició los primeros estudios científicos sobre la planta de yerba mate, su cultivo y sus usos. Con el mismo propósito visitó en 1820 ó 1821 el Paraguay donde solicitó permiso para recorrer algunos yerbales, pero, ante el temor que sus estudios pusieran en peligro al monopolio que sobre la yerba mate ejercía el país hermano, fue tomado prisionero y confinado al interior del país, de donde recién fue liberado en 1829 ante gestiones de Alejandro Humboldt y del gobierno francés.

Fue Federico Neumann en la Colonia "Nueva Germania" en el Paraguay, al margen del río Aguaray Guazú, quien luego de muchos años de fracasados intentos logró obtener la germinación de semillas de yerba mate en 1896, obteniendo por primera vez en 1901, después del esplendor de la época jesuítica, un producto elaborado con yerba mate de cultivo.

Muy poco después, en 1903, se realizó la primera plantación racional y de importancia, en San Ignacio, Misiones, precisamente en la región donde venerables ruinas jesuíticas recuerdan los tiempos del esplendor de esas tierras.

Tras los ensayos y tanteos iníciales, a partir del año 1911 comienza a expandirse el cultivo.

Fomentado oficialmente mediante el otorgamiento de tierras fiscales, condicionadas a la obligación de plantar, según fuera la extensión del predio, de un 20 al 75 % de la superficie con yerba mate, se expande rápidamente el cultivo hasta alcanzar en el año 1935 una superficie de unas 66.000 hectáreas, deteniéndose su expansión al sancionarse la Ley 12.236 que, con el propósito de adecuar el volumen de la producción a las posibilidades de su colocación en el mercado interno, prohibió tácitamente la realización de nuevas plantaciones, al establecer un impuesto de cuatro pesos moneda nacional por toda nueva unidad que se incorporare al yerbal aumentando el número de las existentes al sancionarse la Ley.

Años más tarde, 1953, ante la evidente decadencia de las plantaciones se autorizó oficialmente la ampliación del cultivo, libre de impuesto, en 35.000 hectáreas, de las cuales se plantaron únicamente unas 18.600 Hs.

Es así que a fines del año 1957 se liberó del impuesto que establecía la citada ley, en general y sin discriminaciones, la ampliación de los cultivos existentes hasta una superficie de 15 hectáreas y la realización de nuevos yerbales hasta ese límite.

Esa liberación de impuesto, que rigió por el año 1958 para la zona de tierras de campo y hasta fines de 1959 para la de monte, atento a los mayores trabajos culturales y técnica de implantación que requiere la realización de plantaciones en esta última zona (desmonte, rosado, destroncado, etc.) se concretó con la implantación de unas 65.000 hectáreas.

Descripción de la planta

1.Sistemática

Científicamente se conoció la planta de yerba mate en Europa desde principios del siglo XIX con la denominación de "Ilex theazans" dada por Bonpland en 1821, en tanto que Saint Hilaire, en 1822, denominó "Ilex paraguariensis" en las "Memoires du Museúm d'histoire naturale" y en su "Histoire des plantes plus remarquables du Brasil et du Paraguay" (1824) a la planta de yerba mate que encontrara en Curityba, usando esta denominación de especie en razón de que los antiguos historiadores españoles usaban para el adjetivo “paraguayo” la palabra latina "paraguariensis"..

Tal denominación ha prevalecido sobre las de "Ilex paraguayensis". "Ilex Mate", "Ilex paraguensis Lambert", "Ilex paraguaiensis Unger", "Ilex Curitibensis" y muchísimas otras con las que se le ha descripto.

Pertenece la yerba mate a la clase de las dicotiledóneas, diapétales corolianas, familia de las Aquifoliáceas, del género Ilex que comprende casi toda la familia (175 de las 181 especies) dispersas en toda Sudamérica.

2. Morfología externa

Planta originaria de la América del Sur, abunda en estado silvestre y en plantaciones cultivadas.

Por lo general en el cultivo y explotación racional, por razones prácticas, se mantiene su altura entre unos 3 metros, presentando un corto tronco que se ramifica a escasa altura del suelo, adquiriendo así, por sucesivas, podas, el aspecto de un pequeño arbusto.

En estado silvestre, en cambio, donde necesita unos 30 años para su desarrollo completo, alcanza alturas de hasta 12-16 metros, formando un majestuoso árbol, cargado de hojas, de tronco recto de hasta 50-70 centímetros de diámetro, de corteza lisa y color gríseo-ceniciento.

Sus hojas perduran en la planta unos tres años, son alternas, coráceas, de forma cuneiforme, oval o elíptica, con borde ligeramente dentado.

Sus dimensiones difieren según las variedades, entre 5 a 10 y 15 centímetros de largo por 2 a 5 de ancho, más o menos.

En estado de plena madurez son espesas, duras y lucientes, como enceradas, de color verde más intenso en su cara superior que en la inferior, presentando un corto pecíolo de color claro verdoso, a veces ligeramente rosado.

Su nervadura central y secundaria, se destaca netamente por su color amarillo verdoso en la cara superior de la lámina foliar, y por ser muy salientes en la cara inferior.

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La floración, que tiene lugar entre los meses de octubre a diciembre, es de tipo racimoso, en forma de falsas panojas, desarrollándose en las axilas de las hojas y en la base de las ramitas en número de 40 a 50 flores por racimo.

Sus flores son muy pequeñas, polígamas, diocas, con cáliz y corola de constitución tetrámera, aun cuando suelen encontrarse, sobre un mismo pie, ejemplares con 5 pétalos, con nervadura central y terminadas en puntas de color blanquecino o pálido verdoso, con igual número de estambres (4 o 5) ubicados entre los intervalos de éstos, presentando, según sea su género un gineceo normal o atrófico.

Después de la fecundación se desarrollan los frutos que consistan en una pequeña baya de unos siete milímetros de diámetro, que madura entre los meses de enero a marzo, adquiriendo un color azul oscuro o negro violáceo y coronado por un pequeño estigma más o menos saliente

Cada fruto, que desecado tiene el aspecto de un grano de pimienta contiene generalmente de 4 a 8 semillitas de color amarillo pálido, ligeramente rugosas, dispuestas como segmentos de naranja.

La raíz, de color marrón, es de tipo pivotante, con raíces secundarias que se insinúan en el mismo sentido.

Fruto en forma de baya

Condiciones vegetativas y cultivo

1. Región de origen, suelo y clima

El área de distribución natural de la planta de yerba mate es muy restringida, encontrándosela en estado silvestre o en plantaciones cultivadas en la zona delimitada por el Este por el Océano Atlántico y al Oeste por el río Paraguay entre los 18 y 30 grados de latitud sur.

Planta típica de la cuenca del Alto Paraná, Alto Uruguay y algunos afluentes del río Paraguay los ensayos efectuados en regiones de igual clima, en América del Norte, África y Asia han fracasado hasta el presente.

Suele encontrársela rebasando aisladamente hacia el norte esta zona, entre ejemplares de araucarias brasiliana, pero recién alcanza a formar "manchones" y montes cerrados en las latitudes más australes.

Como planta subtropical o tropical, requiere elevadas temperaturas, mucha humedad en la tierra y el ambiente, condiciones que poseen las zonas bañadas por el Alto Paraná, con abundancia de macisos boscosos y cursos de agua abundantes como para satisfacer las exigencias de este cultivo, que necesita unos 1.500 milímetros de lluvia anuales, con caídas frecuentes en los meses de septiembre a febrero.

La temperatura media de la zona yerbatera oscila entre los 15,5 y 25,5 grados centígrados, estimándose la óptima para el cultivo entre 20- 23° C. como media anual. Pero, planta noble por excelencia, soporta heladas ocasionales de hasta —8º C. siempre que no haya sido despojada de sus hojas.

Prospera notablemente en los suelos areno arcillosos y arcillo-arenosos, ricos en ácido fosfórico, potasio y hierro, donde las aguas no se estanquen y el subsuelo sea permeable, prefiriendo los suelos profundos y frescos.

Las tierras coloradas de Misiones, cargadas de óxido de hierro, conocidas como lateríticas, son las que se consideran las mejores, habida cuenta del desarrollo que la yerba mate adquiere sobre este tipo de suelo.

2. El cultivo

En la peculiar constitución anatómica de la semilla y particularmente si éstas no son frescas, radican las dificultades de su germinación.

Precisamente la carecía de semillas frescas que debían traerse de largas distancias, fueron causal de los fracasos y desalientos iníciales de los pioneros de su cultivo. Tan fue así que se consideraba como incuestionable que, siendo una planta esencialmente “selvática”, sólo germinaba y prosperaba en su hábitat natural y dio pié para que la población autóctona, en su mente infantil, afirmara que desde la expulsión de los jesuitas una maldición pesaba sobre la planta, impidiendo su propagación artificial.

Sometíanse las semillas a baños de lejías y cáusticos o hacíanse pasar, previo a su siembra, por el tracto intestinal de algunas gallináceas.

Hoy la formación de almácigos ha dejado de ser un problema. Semillas frescas, obtenidas de frutos maduros, quebradas y remojadas por algunas horas en agua, lavadas y limpias del hollejo y la pulpa mucilaginosa, una vez secas y sembradas al voleo entre los meses de marzo-abril, en platabandas de tierra vegetal y recubiertas luego por un ligero mantillo de buena tierra vegetal, liviana, con abundante riego y buen cuidado, germinan y brotan entre los 30 a 60 días.

Cuando la plantita de almácigo —protegida adecuadamente bajo carpas móviles de arpilleras— alcanza a tener 4 o 5 hojitas, se las lleva al vivero, extrayéndolas con un poco de tierra. Esta tarea suele hacerse también mediante el uso de macetitas de barro crudo o cilindros de laminillas de madera, donde se las mantienen durante nueve meses a un año a media sombra y bien regadas hasta el momento ele su traslado al lugar definitivo.

En los primeros cultivos se llevaba la planta de vivero —una vez alcanzado unos 30 a 80 cms. de alto— a los hoyos preparados adecuadamente y distribuidos uniformemente, en cuadrilátero o tresbolillo, a distancias variables entre 3x3 a 3,5 x 3,5 o más metros entre plantas y filas.

Al autorizarse en el año 1953 la renovación y ampliación de los cultivos, por resolución del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, se dispuso la obligatoriedad de efectuar las plantaciones —con un máximo de hasta 1000 plantas por hectárea— en "curvas de nivel" a efectos de precaver los cultivos de la intensa erosión hídrica, notable en Misiones en razón de sus tierras onduladas, sometidas a frecuentes lluvias torrenciales.

Con ello se modificó simultáneamente la forma de plantación que, con frecuencia se realizó sin la. preparación de hoyos, colocando la plantita directamente en la tierra, bien trabajada, en surcos adecuados a las curvas trazadas conforme al declive del terreno.

Durante los primeros tiempos, mediante "aripucas" (pirámides construidas con astillas de maderas, entrecruzadas) "ponchos" o "pantallas" de paja brava, o "estacas", abiertas hacia el norte, se protege a la plantita del frío, viento e insolación.

En el período de su arraigo, un año aproximadamente, se reponen las fallas y mantienen limpias de malezas por sucesivas carpidas, en tanto que en los años siguientes se procede, mediante poda, a dar forma adecuada a la futura planta.

De estas podas dependerá luego una buena cosecha por lo que se trata de obtener una planta de escasa altura y gran copa, que permita una buena luminosidad y facilite el acceso y labor del cosechero.

Las plantaciones de yerba mate, que no se hallan exentas de algunas enfermedades y plagas —hormigas, metaphalara, cochinillas, chicharras, taladros, etc. — requiere, para su buena conservación, numerosos trabajos culturales anuales, que se adecúan a las necesidades y características de la plantación y terreno, consistentes en "podas de limpieza", carpidas, aradas o disqueadas, macheteadas, etc., tareas que en la actualidad por lo general han sido mecanizadas.

Cosecha y elaboración

1. Corte y quiebra

Consiste la cosecha en el cuidadoso corte de las ramas, cargadas de hojas, mediante tijera, machete o serrucho, según lo requiera el grosor de las ramas a cortar.

La primera cosecha, de muy escaso rendimiento, suele realizarse entre el 4° y 5° año de implantación. Si bien ésta se realiza anualmente en los yerbales de cultivo —aconsejándose no despojar totalmente a las plantas— en los yerbales silvestres, en razón de cortarse ramas primarias o secundarias muy gruesas, la cosecha se efectúa cada tres años, siendo obligatorio mantener en la planta una así llamada "banderola", es decir, las ramas centrales altas.

La cosecha se efectúa preferentemente entre los meses de mayo a octubre, cuando la planta ha detenido la circulación de su savia y en que cuenta con un mayor porcentaje de hojas maduras.

En los yerbales de cultivo, cosechadas las ramas, se procede a la "quiebra" eliminando las más gruesas y se separan en una operación, conocida como "viruteo", las hojas aisladas. Las ramas, ya quebradas, tarea que se realiza a efectos de facilitar su transporte y posterior elaboración, se acondicionan, sobre amplios lienzos de arpillera —conocidos en la jerga yerbatera como “ponchadas"— las que, recogidas y atados sus cuatro extremos, constituyen el "raído".

En tiempos idos, el "tarefero", denominación con que en razón de la modalidad retributiva imperante se conoce al "cosechero", transportaba los raídos, cargándolos sobre sus espaldas y sosteniéndolo mediante una correa de cuero que, circundando al mismo, apoyaba sobre su frente.

En circunstancias climáticas favorables, una buena plantación puede dar, por planta, unos 20 a 25 kilogramos de hoja "verde", rendimiento que varía según la edad de la plantación y su zona de implantación. En este último sentido un buen yerbal de monte prácticamente duplica la producción de los implantados en tierras de campo.

2. Elaboración

La elaboración de las hojas, que comprende el "sapecado", el "secado o secanza" y el "canchado", debe iniciarse dentro de las 24 horas de cosechadas, con el fin de evitar su fermentación y con ello, su inutilización y pérdida.

a) El sapecado

Consiste el sapecado en la exposición de las hoja, en un proceso primario y rápido —20 a 30 segundos— a la acción directa de un fuego vivo que al formar vapor de agua en el parénquima foliar mata al protoplasma, destruye los fermentos y previa formación de pequeñas ampollas, raja la epidermis de la hoja con un ligero crepitar.

A esta última circunstancia se atribuye por otra parte el origen del término “sapecar” ya que en idioma guaraní “sa” o “za” significa “ojo” y “peca” o “mbecá”, a su vez, “abrir”.

Con la destrucción de los fermentos, se impide la oxidación de las substancias tánicas contenidas en la hoja, asegurando la conservación de su color verde. Según algunos autores, durante el sapecado la yerba mate adquiere su característico aroma —que se atribuye a un aceite etéreo— pérdida del sabor a hoja verde o tisana.

En los yerbales silvestres esta operación se efectuaba pasando las ramas, a mano, sobre una llama viva, por cuyo motivo la operación de “quiebra” se realizaba recién después del "sapecado".

sapecado a mano de la yerba

En los yerbales de cultivo, centralizada la producción en las cercanías de las instalaciones de elaboración, se procedió a la mecanización del sapecado.

Consistieron las primeras "sapecadoras" en un cilindro de alambre tejido de unos 2% metros de largo y unos 70 a 80 centímetros de diámetro, con armazón de varillas de hierro, el que, montado sobre un eje inclinado "horquillero" un "manijero", un "foguista" y un "guaiño", siendo este último el encargado de arrastrar, sobre amplios cueros, las hojas sapecadas al secadero.

sapecadora

Introducidas las hojas por la boca superior mediante una horquilla, quedaban expuestas a la acción directa del fuego durante su recorrido descendente hasta la boca de salida.

Esquema de una sapecadora

Si bien con el tiempo se introdujeron modificaciones tendientes a obtener un mejor aprovechamiento del calor, sea acondicionando el tambor de alambre entre dos paredes de ladrillo y luego reemplazando aquél por un cilindro de chapa, han caído hoy en desuso.

Empléanse actualmente instalaciones totalmente mecanizadas, sea con cilindros de chapa de hierro, en plano inclinado, o bien conos truncados en las que por una extremidad, con hornallas, las hojas, elevadas mediante cintas transportadoras, entran en contacto directo con el fuego, sapecándose  durante su recorrido hasta la boca de salida, desde donde, mediante otra cinta transportadora es llevada a una planchada de enfriamiento o bien directamente al secadero.

Esquema de una sapecadora mecanica.

Durante esta operación la hoja pierde un 20 % de su peso por deshidratación.

b) El secado

Dentro de las 24 horas siguientes al sapecado, la hoja debe ser sometida a un proceso de secado y ligera torrefacción hasta reducir su contenido en humedad a aproximadamente un 5 a 6 %, disminuyendo consecuentemente su peso que, con relación a cada 100 kilogramos de hoja "verde" queda reducido, según haya sido la madurez de las hojas cosechadas, a unos 33 kilogramos de yerba mate seca con un 5 % de palitos.

La secanza de la yerba mate se efectúa mediante dos tipos de instalaciones que se diferencian fundamentalmente en que, el uno, denominado "carijo", actúa mediante la acción de un fuego directo en tanto que el otro, conocido como "barbacuá" funciona a calor indirecto.

El "carijo", tipo de instalación cuyo uso en nuestro país prohíbe expresamente el "Reglamento de Cosecha y Elaboración", consiste en una parrilla primitiva construida de varillas de madera sobre la cual se esparcen, o cuelgan las ramas de yerba mate ya sapecadas, las que se secan por acción directa del fuego encendido debajo.

Esquema de un carijo

Las yerbas secadas por este sistema, expuestas directamente, durante horas, al humo de la fogata del que se impregna totalmente, adquieren un característico olor y sabor a humo.

Este sistema se usa aún en algunas zonas del Brasil, aun cuando va cayendo lentamente en desuso. Solía usarse en el Paraguay, un dispositivo, un tanto similar conocido como "mbatovi" (término que en guaraní significa "montón de hojas"), en forma de una parrilla cupuliforme, sobre la que se ensartaban exteriormente las ramas de yerba mate "sapecadas" y se secaban a fuego directo unos doscientos kilogramos de producto por carga.

El "barbacuá" (Término derivado probablemente de la palabra guaraní “mbarambacuá”, que literalmente significa “montón de casa tostada”.) consiste en una parrilla circular, (O bien elíptica, y conocido como “baracuá tatú” por su forma similar a la caparazón de este armadillo regional.) de un diámetro de unos 7 metros, hecha con varillas de maderas y tacuaras, en forma de una gran cúpula sostenida perimetralmente por columnas (los "tambos") de 1,20 a 1,80 de altura, y rodeado de una barandilla (el "cambaraí") para evitar el deslizamiento de la carga de hojas.

Vista esquematica de un baracua.

A unos 12 metros del centro de la parrilla, se halla una hornalla la que se comunica con el centro de la parrilla mediante un túnel (el "conducto") que se inicia con un diámetro de más o menos un metro y termina con unos 60 cms. a la salida, debajo de la cúpula, en forma de una chimenea, con campana protectora contra chispas.

Toda la instalación, a efectos de un mejor aprovechamiento del calor, se halla en el interior de una construcción de madera o ladrillos, cuyo techo presenta un típico capuchón ventilador.

La yerba "sapecada" sé extiende sobre la parrilla en capas de 30 a 40 centímetros de espesor donde queda expuesta a una corriente de aire y gases, a una temperatura de 80 a 100° C. Cuando la "carnada" inferior comienza a secarse, adquiriendo una consistencia quebradiza, el maestro secador —conocido en la jerga yerbatera como "urú”— la remueve y recuesta sobre la barandilla lateral, el cambaraí, operación que se repite hasta colmar la capacidad del barbacuá, que es de unos 2.000 kilogramos de producto seco.

Secada la yerba se apaga la hornalla dejando que la yerba se enfríe lentamente. Esta operación se realiza en el término de unas 12 a 24 horas.

Si bien en los primeros años toda la producción se secaba en esta primitiva instalación, con la creciente necesidad se desarrollaron diversos sistemas en un intento de mecanización, pero que, en su esencia, no difieren de aquel nada más que en su capacidad y la suplantación de la parrilla cupuliforme por pisos lisos de listones de madera. Construyéronse así secaderos "a catres” con capacidad de hasta 20.000 kilogramos diarios de secado, que se cargan y descargan mediante cintas transportadoras, y en los que el aire y gases caliente se distribuyen mediante una variable cantidad de chimeneas regulables debajo de los catres.

Esquema de un secadero a catre.

Independientemente se han desarrollado diversos sistemas en los cuales el "catre” se ha sustituido por cintas de alambre tejido móviles que se deslizan lentamente sobre un canal, calentado también entre 80 a 100° C., removiéndose la yerba automáticamente al caer sobre la cinta siguiente, colocada debajo o bien elevándola a otra, a continuación de la primera.

Esquema de un secadero a cintas.

c) El canchado

Secada la yerba, con el fin de facilitar el embolsado y transporte se la somete a un grosero proceso de trituración, fraccionándola en pedazos más o menos pequeños, y por lo general  no mayor de un centímetro cuadrado.

Primitivamente se realizaba esta operación esparciendo la yerba sobre un lugar plano, recubierto de arpilleras (la así denominada "cancha", de donde deriva la denominación de esta operación "el canchado") en cuyo lugar, en una operación muy similar a la primitiva trilla del trigo, mediante espadones o machetes de madera dura, se la desmenuzaba a la medida deseada.

machete-madera-para-canchar-yerba

El primer paso de mecanización de esta tarea lo constituyó la canchadora a “cono dentado“, consistente en un cono truncado de madera dura provisto de dientes, también de madera o hierro, que giraba sobre un eje, en un movimiento de rotación y traslación a tracción sanguínea, dentro de un tanque, circular de madera, sobre cuyo piso de madera se esparcía la verba seca.

Esquema de una canchadora a cono dentado.

Este aparato, caído en nuestro país totalmente en desuso, ha sido suplantado por "canchadoras mecánicas" de diverso tipo y construcción, provistas de dientes, generalmente sueltos, que giran a gran velocidad, pasando la yerba mate entre éstos y un peine fijo, disgregándose, pero con gran producción de polvo.

Canchada la yerba se estaciona, para su sazonamiento, ya sea suelta en noques de doble pared, o envasada en bolsas de arpillera durante un término aproximado de un año y mínimo de nueve meses según nuestras reglamentaciones, durante cuyo período desarrolla al máximo su aroma  y sabor. (El presidente López, del Paraguay, prohibió la venta de toda yerba que no tuviera dos años de estacionamiento.)

La Molienda

La yerba mate canchada y estacionada es la materia prima que los industriales molineros mediante sucesivas operaciones de trituración, zarandeo y mezclas, adecúan al uso de cada región.

Seleccionada la materia prima según su origen y características particulares y observación directa sobre cintas transportadoras, se la pasa por una zaranda circular, de alambre, conocida como "zaranda de limpieza" para la eliminación de posibles cuerpos extraños, palos y ramas excesivamente gruesas. Seguidamente, en un zarandeo primario de clasificación., se separan las hojas muy grandes y el palo.

Estas hojas se someten a una trituración más o menos intensas en un molino o bien en el "trapiche" (tanque de hierro en el que irían dos pesados rodillos de hierro, de forma cónica truncada y superficie estriada) para luego ser zarandeadas nuevamente. Usanse al efecto cernidores rotativos prismáticos hexagonales o bien "plansichters”, es decir, zarandas vibradoras, obteniéndose, de acuerdo a su mayor o menor grado de trituración, las distintas "telas” clasificadas en "goma", "polvo”, "fibra” y hoja de las que se almacenan en silos especiales conocidos como "percheles”.

Finalizada la clasificación se procede a su mezcla en distintas proporciones, según calidad, origen, sabor, grado de molienda, etc., con agregado o no de "palos” cortados previamente en trozos uniformes mediante un "corta palos".

Se elaboran así dos tipos bien definidos en su molienda, la integral, vale decir, con contenido de fibra y palos, denominada de "tipo paraguayo” y la molienda "sin palos ni fibra” del "tipo argentino”.

Ambas denominaciones han sido prohibidas oficialmente con el fin de evitar equívocos en cuanto al origen del producto y suplantados por las de tipo "con palos” y "sin palos” respectivamente.

En nuestro país, el consumo de estos dos tipos de molienda se halla más o menos definido. Mientras que la yerba molida tipo "con palos” se consume preferentemente en la Capital Federal y sus alrededores, parte del litoral, y el norte del país, en el resto se consume por lo general yerba mate "sin palos". Existen igualmente preferencias en cuanto al grado de trituración, imperando la "molienda fina" en parte del Litoral, Norte y Sud de nuestro país.

Antiguamente la yerba mate molida se envasaba en zurrones y tercios de cuero crudo fresco que, al secarse, la prensaba fuertemente.

Prohibido tal antihigiénico sistema de envasado, fue suplantado ventajosamente por cilindros de arpillera de yute, latas y barricas, en las que la yerba se comprimía mediante prensas hidráulicas.

Estos tipos de envasamiento han caído en desuso, desalojados por modernas, rápidas e higiénicas máquinas envasadoras automáticas o semiautomáticas, aun cuando la industria molinera radicada en la zona productora suele presentarla, excepcionalmente, fuertemente prensada ("atacada") en pequeñas bolsas de tela conocidas como "sobornales".

Publicado en: "La Yerba Mate". Junio 1971
Comision reguladora de la produccion y comercio de la yerba mate.

 
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